La industria tecnológica argentina atraviesa un proceso de expansión sostenida, impulsado por la digitalización empresarial, el crecimiento de la economía del conocimiento y el desarrollo de startups con proyección internacional. De acuerdo con el Observatorio de la Economía del Conocimiento, el sector generó más de 480.000 empleos en 2025, lo que representa un incremento del 6,3% interanual y consolida a la tecnología como uno de los principales motores de la economía nacional.

Los servicios basados en conocimiento —como software, inteligencia artificial, biotecnología y servicios digitales— aportaron el 8,5% del PBI durante el primer semestre del año. El segmento exportador mostró un desempeño especialmente sólido: las ventas externas de tecnología superaron los USD 9.200 millones, con destino principal en Estados Unidos, España y México. Esto posiciona a la Argentina como el tercer exportador de servicios tecnológicos de América Latina, detrás de Brasil y México.

El dinamismo del sector se explica en parte por la madurez del ecosistema emprendedor. Durante el último año se registraron más de 150 rondas de inversión en startups locales, con un flujo de capital que superó los USD 800 millones. Los rubros de fintech, agrotech y edtech fueron los que captaron mayor interés, debido a su capacidad de escalar regionalmente y generar soluciones adaptadas a las necesidades de los mercados emergentes.

A nivel institucional, el Gobierno nacional relanzó la Ley de Economía del Conocimiento, con nuevos incentivos fiscales y beneficios para empresas que incorporen innovación y empleo calificado. El programa apunta a fortalecer la competitividad tecnológica y fomentar la radicación de inversiones en polos digitales del interior del país, como Córdoba, Rosario, Mendoza y Bahía Blanca.

La demanda de talento digital, sin embargo, sigue siendo un desafío. Un estudio de la Cámara de la Industria Argentina del Software (CESSI) señala que el 46% de las empresas del sector tiene dificultades para cubrir vacantes en programación, análisis de datos y ciberseguridad. En respuesta, universidades y centros de formación técnica amplían su oferta académica y articulan con el sector privado para reducir la brecha de capital humano.

El avance de la inteligencia artificial y la automatización también plantea debates éticos y laborales. Los especialistas advierten que la regulación deberá acompañar la velocidad del cambio tecnológico, garantizando la protección de los datos personales, la transparencia algorítmica y la equidad en el acceso a los beneficios de la innovación. En paralelo, organismos internacionales promueven marcos normativos comunes para evitar asimetrías en la competencia digital.

Con perspectivas de crecimiento de entre el 5% y el 7% anual hacia 2026, la industria tecnológica argentina enfrenta el reto de consolidar su desarrollo sobre bases sostenibles. La articulación entre Estado, universidades y sector privado será clave para convertir la innovación en una política de largo plazo y no en una coyuntura pasajera. En un contexto global competitivo, el conocimiento aparece como el principal recurso estratégico del país.

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