La incidencia de la diabetes se dispara en la región, impulsada por cambios de estilo de vida, urbanización acelerada y brechas en el acceso a la salud.
La celebración del Día Mundial de la Diabetes pone nuevamente de relieve una realidad alarmante: en América Latina los casos no sólo crecen, sino que lo hacen a un ritmo mayor que en otras regiones del planeta.
Diversos especialistas señalan que, más allá de los factores ya conocidos —sedentarismo, alimentación poco saludable, obesidad—, esta alza también responde a elementos estructurales: un diagnóstico que muchas veces llega tarde, acceso limitado a tratamientos, brechas entre zonas urbanas y rurales, y mitos que persisten sobre la enfermedad. Por ejemplo, en Argentina se estima que cerca del 29 % de las personas con diabetes desconocen que la padecen, lo que implica más de 1,2 millones de casos sin tratamiento efectivo.
Las cifras regionales son aún más graves: se habla de decenas de millones de personas con niveles elevados de glucemia que no están controlados o incluso detectados. En este contexto, los entornos urbanos que combinan vida sedentaria, oferta creciente de alimentos ultraprocesados, y una infraestructura de salud que no siempre puede responder al aumento de la demanda, configuran un escenario perfecto para la expansión de la diabetes.
A su vez, la transición demográfica —con poblaciones que envejecen— y los determinantes sociales de la salud —ingresos bajos, poca educación nutricional, acceso desigual— actúan como aceleradores del fenómeno. La urgencia no es sólo hablar del problema, sino desplegar políticas de prevención, detección temprana, tratamiento oportuno y cambio en los entornos que favorezcan la salud.





