La vida cotidiana en Caracas quedó atravesada por el temor, los controles militares y la ausencia casi total de actividad pública.
El impacto de la captura de Nicolás Maduro se siente con fuerza en la vida diaria de los venezolanos. En Caracas, el tránsito es escaso, muchos comercios no abrieron sus persianas y el movimiento habitual fue reemplazado por patrullajes constantes de efectivos armados en puntos estratégicos de la ciudad.
Vecinos relataron que prefieren permanecer en sus casas ante el temor a detenciones arbitrarias o enfrentamientos. El transporte público funciona de manera irregular y varias empresas privadas optaron por suspender actividades. La presencia de militares en estaciones de metro, accesos a barrios populares y avenidas principales genera una sensación de sitio que recuerda a los momentos más críticos de la crisis política venezolana.
En medio del silencio urbano, crece la incertidumbre. La falta de información oficial clara y las restricciones a la prensa alimentan rumores sobre posibles protestas, represalias internas y nuevas medidas de control. Para gran parte de la población, la prioridad inmediata es resguardarse y esperar definiciones en un contexto altamente volátil.




