En medio del perfil urbano dominado por edificios y oficinas, un pequeño chalet sobre una terraza se transformó en una postal inesperada frente al Obelisco. Su historia está ligada a una época en la que el centro de Buenos Aires aún combinaba viviendas particulares con espacios comerciales y administrativos.
La casa fue construida sobre la azotea de un edificio como una solución habitacional atípica, pensada para ofrecer privacidad y aire libre en una zona densamente urbanizada. Con el paso de los años, el crecimiento de la ciudad la dejó rodeada de torres, pero no logró borrar su identidad.
Hoy, la propiedad vuelve a ser noticia al salir al mercado inmobiliario. Especialistas destacan que su valor no radica solo en la ubicación, sino también en el relato urbano que encierra: una vivienda que sobrevivió a las transformaciones del microcentro y se convirtió en una pieza viva de la memoria arquitectónica porteña.




