La cantidad de nacimientos vuelve a marcar un retroceso y confirma una tendencia que se profundiza desde hace más de una década. Desde el inicio de la pandemia, el descenso se aceleró y ya supera el 25%, con un impacto visible en maternidades, hospitales y registros civiles de todo el país.

Uno de los rasgos más claros del fenómeno es el aumento de la edad promedio de las mujeres al momento de tener su primer hijo. La decisión de postergar la maternidad se vincula con la inestabilidad económica, la búsqueda de mayor autonomía personal y la dificultad de conciliar trabajo y crianza.

El cambio no es exclusivo de la Argentina, pero en el país se combina con un contexto social y económico complejo que refuerza la tendencia. El resultado es una generación que nace en menor número y obliga a repensar políticas de cuidado, educación y salud a mediano plazo.

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