El duque de York fue arrestado por la policía británica mientras avanzan investigaciones sobre su relación con el empresario estadounidense. El caso vuelve a poner bajo presión a la monarquía.
La detención del príncipe Andrés por parte de la policía británica marca un nuevo capítulo en el escándalo internacional que rodea a Jeffrey Epstein. El hermano del rey Carlos III quedó bajo custodia en el contexto de una investigación que analiza su presunta implicación o conocimiento de actividades relacionadas con el financista.
El príncipe ya había enfrentado un fuerte cuestionamiento público tras la difusión de su vínculo con Epstein, incluyendo viajes y encuentros que derivaron en un acuerdo civil millonario con una de las denunciantes en Estados Unidos. A raíz de ese proceso, había perdido títulos militares honoríficos y el tratamiento de “Su Alteza Real” en funciones oficiales.
Ahora, la decisión de las autoridades británicas de avanzar con su arresto genera un fuerte impacto institucional y mediático. Mientras se aguardan definiciones judiciales, el caso vuelve a situar a la familia real en el centro de la escena y abre interrogantes sobre las consecuencias políticas y simbólicas que podría tener este nuevo episodio.





